Los consumidores moderados de cerveza podrían tener mejor función cardiaca global tras producirse un infarto.

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AGOSTO 2011

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Los efectos cardioprotectores de la cerveza fueron los protagonistas de la intervención de la Dra. Lina Badimón en la IV Jornada Científica sobre Bebidas Fermentadas y Salud.

Los efectos cardioprotectores de la cerveza fueron los protagonistas de la intervención de la Dra. Lina Badimón en la IV Jornada Científica sobre Bebidas Fermentadas y Salud. La Directora del Centro de Investigación Cardiovascular CSIC – ICCC presentó las últimas conclusiones de su estudio “Cardiovascular benefitial effects associated with beer consumption in a human-like model of acute myocardial infarction”, que, en líneas generales, demuestra que el consumo de ligero a moderado de cerveza podría tener efectos protectores de la mortalidad cardiovascular y la mortalidad global.

El estudio se llevó a cabo en animales de experimentación a los que se les proporcionó, además de una dieta hipercolesterolémica, unas cantidades de ligeras a moderadas de cerveza (grupo control sin cerveza, grupo con 12,5 gr de alcohol al día y grupo de 25 gr de alcohol al día). Además, de cara a valorar los efectos protectores, a los animales se les provocaron infartos estandarizados.

Fotografía de la Doctora Lina Badimón
Dra. Lina Badimón. Directora del Centro de Investigación Cardiovascular CSIC – IC

Los resultados obtenidos demuestran que los animales que consumieron esas cantidades de cerveza tenían una mayor protección cerebro vascular que los no consumidores o grupo control. Dicha protección quedaba patente en dos sentidos: en primer lugar, los animales a los que se les había suministrado cerveza tenían mayores niveles de HDL o colesterol bueno, y sus partículas de LDL se veían disminuidas, por lo que sus efectos anti-inflamatorios eran mayores; en segundo lugar, se veía reducido el riesgo de trombosis debido a que había una menor tendencia de agregación plaquetaria, así como una menor adhesión de monocitos y mayor fibrinólisis, lo que favorecía la disolución de coágulos.

Además, la Dra. Badimón explicó que, tras producirse el infarto, se comprobó que, mientras que el daño producido en el corazón era igual para todos los animales, los consumidores de cerveza tenían un área necrótica -la cicatriz tras el infarto- más pequeña y con mayor contenido en colágeno. La presencia de esta molécula podría generar la reducción de dicha área con el paso del tiempo, y, por tanto, una mejora de la función coronaria.

Así, los animales a los que se había suministrado cantidades moderadas de cerveza presentarían un mejor perfil cardiovascular con una mejora de adaptación a la situación isquémica producida por la obstrucción del riego sanguíneo del corazón.

Además, la investigadora añadió que no se produjo diferenciación en el incremento de peso entre los animales consumidores de cerveza y el grupo control; a todos ellos se les administró la misma cantidad y tipo de alimento con la única diferencia del consumo ligero o moderado de esta bebida”.

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