Ya en los años 50, un equipo de investigación estadounidense comenzó a utilizar el concepto de Dieta Mediterránea, estableciendo una relación directa entre dieta y salud al constatar que la población que seguía dichos hábitos alimenticios mostraba una incidencia muy baja en determinadas enfermedades.
La Dieta Mediterránea es posiblemente el concepto dietético y nutricional más difundido tanto entre la comunidad científica como entre los consumidores. Ello se debe a que numerosos estudios básicos, clínicos y epidemiológicos han llevado a considerarla como un factor protector en múltiples procesos, como las enfermedades cardiovasculares, determinadas neoplasias, algunas enfermedades neurodegenerativas e incluso, el propio envejecimiento.
Por lo tanto, los patrones alimentarios de la Dieta Mediterránea, caracterizados por el consumo de frutas y verduras, hidratos de carbono complejos, frutos secos, legumbres, pescado, carnes blancas, bebidas fermentadas (vino, cerveza y sidra) y, especialmente, la utilización del aceite de oliva virgen como fuente principal de grasa para cocinar, se asocian a una disminución de la morbimortalidad.
Según el estudio "La cerveza en la dieta de los españoles", dirigido por el Dr. Lluís Serra, Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y presidente de la Fundación para la Promoción de la Dieta Mediterránea, la cerveza, además de formar parte de la alimentación mediterránea, su consumo moderado puede mejorar la calidad nutricional de la dieta.
Por este motivo, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) incluye en la Pirámide de la Alimentación Saludable -principal referente en material nutricional que integra todos los alimentos propios de nuestra dieta- el consumo opcional y moderado de cerveza, por supuesto, siempre por adultos sanos. El cumplimiento de esta pirámide podría suponer una herramienta adecuada para el mantenimiento de la salud y la prevención de enfermedades.
En cualquier caso, esta dieta saludable será más efectiva si se acompaña de una hora diaria o más de actividad física moderada.
Si bien hay que recordar que el consumo excesivo de alcohol es perjudicial para la salud, el consumo moderado de bebidas fermentadas puede formar parte de una alimentación saludable dentro de la Dieta Mediterránea actual, por las propiedades que les confieren su baja graduación y las materias primas con las que están elaboradas.
Por este motivo, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), incluye en la Pirámide de la Alimentación Saludable – principal referencia en materia nutricional de nuestro país- las bebidas fermentadas (cerveza, vino, cava o sidra) de forma opcional y moderada.
No hay que olvidar, sin embargo, que los efectos beneficiosos de estas bebidas se observan únicamente cuando el consumo es moderado y responsable por parte de adultos sanos en el marco de una alimentación sana y equilibrada. Si se está tomando fármacos, si se va a conducir o en el caso de las mujeres embarazadas, el consumo de alcohol debe ser nulo.
El Dr. Skovenborg, cofundador de Scandinavian Medical Alcohol Board, definió la moderación de la siguiente manera: “beber moderadamente significa beber de acuerdo con los límites marcados por la propia salud, la sociedad en que se vive y las obligaciones para con la familia y los amigos, es decir, entre una y tres bebidas al día para la mayoría de los hombres”.
Según diferentes instituciones internacionales, el consumo moderado de cerveza no debe superar los 30g/día para los varones (tres cañas de cerveza) y los 20g/día para las mujeres (dos cañas de cerveza) y es preferible consumirla acompañada de alimentos sólidos, hecho que entre la población española se ha convertido en una buena costumbre. Hay que tener en cuenta también que no todas las personas reaccionan igual ante el alcohol, ya que influyen factores como el peso, el sexo, la raza y la frecuencia con que se bebe.
Asimismo, es necesario destacar que consumir la ingesta diaria recomendada de una sola vez, por ejemplo, durante el fin de semana, no es una práctica saludable.
También es fundamental comentar que hay determinadas situaciones en las que el consumo moderado se considera excesivo. Por ejemplo, consumir alcohol durante el embarazo o en el periodo de lactancia, antes de conducir u operar maquinaria, cuando se estén tomando medicamentos o en caso de padecer determinadas enfermedades.
